QUÉ VER Y HACER EN ALTER DO CHAO, EL AMAZONAS BRASILEÑO

Aunque parezca mentira, en medio del Amazonas Brasileño hay playas de arena blanca.. Sí sí! Lo que lees! Este trocito de paraíso en medio de la selva más grande de La Tierra, se llama Alter Do Chao.  

Esta aldea ubicada en el pulmón del mundo, es un lugar con calles sin asfaltar, construcciones básicas, con una de las playas más particulares del mundo y vecino de La Ilha do Amor, una lengua de arena situada a orillas del río Tapajós (principal afluente del Amazonas).

Alter Do Chao tiene una atmósfera especial, es un pueblo tan hippie como caro, y que esconde lugares inimaginables en sus alrededores.

Para llegar hasta aquí la manera más sencilla es volar a Santarem, pero si os pasa como a nosotros que os pilla de ruta por el norte y no habéis podido comprar los vuelos con antelación, habrá que hacerlo con un barco por el río Amazonas durante 3 días. Y no existe aventura más especial que ésta en todo el planeta, ninguna.

Nosotros veníamos desde Belém, donde tuvimos que hacer una parada técnica y pasar dos noches ya que los barcos hasta Alter  Do Chao sólo salen 2-3 días a la semana, dependiendo de la compañía y la categoría en la que queramos viajar. Por lo general, lo más barato es dormir en la cubierta con hamacas (150R$), y es así como lo hicimos nosotros. Otra opción son las cabinas (500R$) de entre2-4 personas, cosa que no recomendamos después de verlas. Estaban llenas de cucarachas y tampoco tenían baño privado, por lo que no le vimos ninguna ventaja.

Para conseguir billetes baratos lo mejor es ir directamente al Puerto de Belém, y allí negociar el precio con todas las compañías. Algunos incluyen comida (cosa que tampoco recomendamos) y para la mayoría deberemos de comprarnos nosotros mismo las hamacas para el viaje.

El barco, que es prácticamente de carga (vimos embarcar electrodomésticos, sacos de comida y bultos de todo tipo) se divide en 3 partes:

  • Planta baja:  donde va la tripulación y la mercadería.
  • Primera planta: donde están los baños, duchas, algunas cabinas y varias hamacas (aquí se concentraban mujeres y niños).
  • Segunda planta: donde está el bar, algunos otros camarotes y casi todas las hamacas. Aquí íbamos nosotros.

El trayecto duró 3 días en los que navegamos casi 1500 km por el río Amazonas, parando en pequeñas aldeas, disfrutando de vistas a la selva, deleitándonos con cada amanecer y atardecer,  y empapándonos de su manera de vivir a orillas del río. Fue una experiencia fascinante.

Una vez en Alter Do Chao buscamos alojamiento y nos fuimos a recorrer el pueblo.  Lo básico que debemos hacer es:

  • DISFRUTAR DE LA PLAYA

El diario inglés The Guardián eligió Alter do Chão como la playa de agua dulce más bonita del mundo y desde entonces le llaman “el caribe brasileño”. Sus playas de arena fina y blanquísima emergen cuando el río Tapajós baja, entre julio y diciembre. El agua es de temperatura cálida y tranquila.

  • ILHA DO AMOR

Es una lengua de arena que aparece los 6 meses del año en que el río Tapajós baja. Los locales la llenan de hamacas,  sombrillas, mesas, sillas e incluso montan un bar en esos meses. Para llegar hasta allí se puede cruzar en canoa o nadando.  También dan la opción de alquilar kayaks y stand ups.

  • IRSE UNOS DÍAS CON ALGUNA FAMÍLIA INDÍGENA

Así es, esta fue la guinda de nuestros días por el Amazonas Brasileño. Veréis que hay muchísimas excursiones para hacer por los alrededores, pero hay un hombre conocido por todo el pueblo que te lleva a su casa y se dedica enseñarte sus costumbres, como caminar por su selva, como coger un jacaré y como vivir en familia en medio de la selva. Su nombre es Bata, un señor de 52 años por aquel entonces en 2015, 14 hijos y 41 nietos. Su núm. de teléfono se nos borró pero preguntando por el pueblo se consigue seguro.

Bata nos vinos a buscar en su lancha y pasamos 2 noches con su familia. En esos días nos fuimos de trekking a la Floresta Encantada, donde nos enseñó para que utilizan cada tipo de vegetación (incluso contra la malaria) y nos topamos con varias especies de monos y tarántulas.

Por la noche nos fuimos con su canoa a buscar jacarés, en un momento incluso se metió en el agua para enseñarnos a un bebé, completamente a oscuras, donde sólo veíamos el reflejo de los ojos rojos del resto de cocodrilos que había a nuestro alrededor. Creo que jamás hemos pasado tanto miedo, adrenalina y felicidad a la vez, jamás.

Además hicimos varios paseos diurnos con su canoa donde nos iba explicando todo sobre la fauna y flora que nos íbamos encontrando. El resto del día lo pasábamos junto a sus hijos y su mujer, que fue la que nos cocinó durante esos días.

La verdad es que no hemos vuelto a vivir una experiencia tan única y mágica en la vida. El amazonas siempre tendrá un pedazo de nuestro corazón.

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